En las últimas semanas he participado como disertante o como público en diferentes charlas y conferencias sobre los impactos de la crisis en las economías y particularmente en Uruguay. Se ha analizado si el sector tal se va a afectar más o menos que el sector cual. Que si el empleo, que si el espacio fiscal, que si las medidas anti-crisis, etc.
Ahora, no he escuchado nada de cómo las empresas van a desarrollar e implementar sus sistemas de innovación. Es sabido que la demanda internacional tuvo un desacelere, que la incertidumbre internacional es tal que no se sabe cual es el precio de los activos, no solo los comodities, etc.
En este entorno creemos que la innovación es una de las claves del éxito de las empresas y se hace indispensable en contextos de crisis, cuando parece que algunos de los pilares del sistema económico se agrietan. En este tipo de situaciones, las empresas que no son capaces de generar y gestionar eficazmente la innovación, aplicándola a productos, estrategias, ideas y procesos, quedan en clara desventaja respecto a las que sí lo hacen, y pueden acabar pagando muy caro las consecuencias de no haber innovado acertadamente y a tiempo.
La innovación verdaderamente eficaz es una delicada combinación de creatividad y muchas horas de investigación y trabajo y para dar sus frutos necesita un entorno fértil, preparado para acogerla y hacerla crecer y unos líderes capaces de dirigirla. Innovar no es un acto, sino una actitud, por lo que puede y debe afectar a todos los niveles de la organización empresarial, empezando por las propias ideas preconcebidas sobre la innovación.
Así pues, son muchos los factores que favorecen una actitud innovadora efectiva y recomendamos que las empresas nacionales y regionales comiencen los procesos de innovación estratégica en forma sistémica lo antes posible porque sino, ahí si estaremos en crisis...aún hay tiempo, pero no mucho…
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